La blefaroplastia es una técnica sencilla y de rápida recuperación que no precisa ingreso hospitalario, ya que generalmente se realiza con anestesia local y sedación. El diseño de las incisiones es especialmente importante, porque define la cantidad y la forma de piel que se va a eliminar. Con técnicas mínimamente invasivas se obtienen resultados naturales y unas cicatrices apenas visibles en uno o dos meses. Según el caso, la intervención puede realizarse solo en el párpado superior, solo en el inferior o en ambos (blefaroplastia completa).
Blefaroplastia superior
En el párpado superior, la incisión transcurre por el pliegue natural del ojo para eliminar la piel sobrante y las bolsas palpebrales superiores mediante sutura. Al coincidir con ese pliegue, la cicatriz resulta prácticamente imperceptible y en un mes se vuelve casi invisible. Es la técnica indicada para corregir la ptosis palpebral (párpados caídos) y la piel flácida que aporta a la mirada un aspecto cansado.
Blefaroplastia inferior
En el párpado inferior, el abordaje puede ser transconjuntival o subciliar. En el transconjuntival, la incisión se realiza en el saco conjuntival —el espacio entre el párpado y el globo ocular—, por lo que no deja ninguna cicatriz visible. En el subciliar, la vía de acceso se sitúa justo debajo de las pestañas. Es la técnica orientada a corregir las bolsas que se acumulan bajo los ojos.